Dismorfia y lipedema: un problema de salud mental

antes de la cirugía de lipedema

La dismorfia corporal no es precisamente uno de los temas de los que se suela hablar cuando tenemos lipedema, aunque muchas personas la puedan padecer. Nos suelen preocupar los síntomas más graves, como el dolor, la pesadez o los problemas de movilidad. La mayoría de las pacientes ni se plantean que la sufran (antes de las cirugías) o la puedan sufrir (después de las cirugías).

Sin embargo, no es extraño que haya personas que sufran dismorfia debido al lipedema. Nuestra autoimagen puede estar realmente dañada por culpa de esta enfermedad del tejido adiposo, que nos da una forma corporal poco o nada normativa. Por decirlo de una forma llama: nos rebosa grasa de zonas poco comunes, no tenemos forma en lugares como rodillas o tobillos, se nos formas pliegues de grasa característicos… Sin contar con celulitis y los hematomas, que son muy frecuentes y que la mayoría de las veces no sabemos ni de donde salen.

Aunque no tengamos un lipedema muy desarrollado, hay muchas personas que lo pasan realmente mal por todas esas imperfecciones propias de la enfermedad.

No ayuda que dieta y ejercicio solo nos permitar, como mucho mantenernos pero no mejorar la situación. Es decir: podemos ganar músculo, perder grasa no lipedémica y frenar (con la ayuda de la compresión) el crecimiento de la enfermedad, pero revertirlo es harina de otro costal. Conseguir un diagnóstica y las medias de compresión es toda una gincana médica y burocrática que no le deseo ni a mi peor enemiga.

Además, muchas afectadas de lipedema recurren a tratamientos de estética que no funcionan bien en nosotras. Suelen ser personas que desconocen que sufren la patología y no tiene herramientas para enfrentarse a ella.

Estos tratamiento generan un coste y unas esperanzas que no van a verse traducidos los resultados esperados. Es cierto que hay algunos centros que hacen tratamientos muy específicos que tienen beneficios visibles, como el Dr Simarro en Madrid, pero no es lo habitual. Las personas que acuden a ellos normalmente ya tiene diagnóstico y valoración.

En resumen, Todos estos factores suman para que, al final, nos encontremos con afectadas de lipedema con dismorfia corporal.

Lo mismo puede ocurrir al final del tratamiento quirúrjico. Por muy bien que haya ido la operación, así como el post operatorio, es posible que queden algunas pequeñas marcas, también flacidez. En casos específicos, eso se traducirá en piel colgando. En estos casos, se suele recomendar que nos esperemos un año a ver como se retrae la piel y valorar una intervención para retirarla si se cree conveniente o la paciente lo quiere así.

También hay que tener en cuenta que nuestra idea de cómo va a quedar nuestro cuerpo después de un proceso tan agresivo y la realidad pueden no coincidir.

La dismorfia corporal se puede dar en pacientes de lipedema
Las expectativas juegan un papel importante en el post operatorio

Si no tenemos unas expectativas realistas, es posible que de repente nos encontremos con flacidez no deseada, con manchas o cicatrices que tardan en irse y también con una forma corporal muy diferente que puede no gustarnos.

Es decir, podemos quedarnos «completamente» sin forma a nuestros ojos, acostumbradas a vernos con unas proporciones muy específicas. Quizá nos disgusta la nueva forma de las caderas, o vernos ciertos huesos marcados. Quizá la piel en un estado que vemos pero que antes de la operación. Son cambios tan brutales que es muy fácil no reconocerse en el espejo, a veces para bien, a veces para mal. Y ahí puede aparecer la dismorfia corporal.

Aunque podemos tener una disconformidad legítima con los resultados estéticos de la operación, si estos se convierten en una obsesión, lo mejor es que pidamos ayuda. Aunque, bajo mi punto de vista, debería ser obligatorio después de este tipo de cirugías el acompañamiento psicológico de los cambios.

Por todo esto, a parte de una buena comunicación con el cirujano y la clínica, es importante acudir a un psicólogo, que nos de herramientas para hacer frente al trastorno. Sé que no es un tema popular, porque la salud mental es la gran olvidada, pero creo de corazón que podemos mejorar la recuperación si tenemos en cuenta que necesitamos un acompañamiento y un seguimiento también de nuestro cambio emocional.