Vivir con un carnista sin morir en el intento

Vivir con un carnista

Vivir con un carnista, convivir con un no vegano, es lo que hago desde hace 10 años con mi pareja. De hecho, aunque conozco a personas veganas y vegetarianas desde hace muchos años, nunca he vivido en la misma casa que alguien vegetariano o vegano. Sin embargo, quitando contadas ocasiones, siempre hemos encontrado un punto de encuentro.

Lo que sigue a continuación es mi opinión y mi experiencia personal, que explico porque creo que puede ayudar a otras personas. Podéis dejar vuestras experiencias en comentarios.

Mis consejos para (con)vivir con un carnista

  • Si tienes que compartir piso, busca alojarte en pisos de veggies. Si quién busca compañeros eres tú, especifica que han de ser personas vegetarianas. Convivir solo con personas veganas es más complicado, pero vivir de forma totalmente independiente a veces no es realista.
  • No esperes que el carnista se «convierta» al veganismo en una semana. De hecho, la convivencia no debe convertirse en una evangelización, ya que lo más posible es que eso acabe en conflicto.
  • Eso sí, deja claro desde el principio que es el veganismo para ti y como lo vives, porque la otra persona igual no tiene toda la información.
  • Negocia las reglas y los límites desde el principio, para que no haya malos entendidos. Eso implica qué entra en casa, que hay en la nevera, qué estantes y qué utensilios usa cada persona.
  • Ojos que no ven… ya sabes cómo sigue. Si decidís que que va a haber carne y pescado en casa, igual no quieres verla. Recuerda que hay tápers oscuros y que todo lo que se coloque en el congelador con etiqueta, mucho mejor.
  • Pactar los alimentos prohibidos. Igual no es buena idea traer una langosta, o cabezas de merluza. En mi casa no entra jamón ni nada que huela a chorizo, pero, ¡sorpresa! no es mi norma, es la de mi marido carnista. Así que cuando compro o hago chorizo vegano, lo he de comer cuando él no está en casa y airear la casa. ¿A que no os lo esperabais? Yo tampoco.
  • Llenar la nevera de opciones vegetales ricas para los dos. Si no te gusta cocinar, igual puede comprar básicos y sustitutos, pero sin duda cocinar abarata mucho la cesta de la compra. Hacer seitán casero, boloñesa vegana, hamburguesas, hummus, guacamole… o su tarta de manzana favorita.
  • En general, demostrar con el ejemplo que esto no tiene nada que ver con hacer sacrificios y que quedan muy atrás los años en los que no nos podíamos comer una hamburguesa, casera o procesada, con queso vegano y salsas. Así es cómo ha ido desapareciendo la carne y el pescado de mi casa sin tener que decir ni mú.
  • ¿Naciste en una familia vegana o vegetariana? Si no es así, recuerda que tú también estuviste ahí. Cada persona tiene sus tiempos y sus procesos.
  • Cuidado con las imágenes escabrosas. A muchas personas les puede ayudar con el clic y verlo todo diferentes, pero a muchas otras les genera tal rechazo que se cierran en banda.
  • El refuerzo positivo genera un mejor ambiente. Mejor celebrar que la otra persona aprende una nueva receta y animarla, y no atacar por algo que es una convención social.
  • Buscar opciones de aquello que, por norma, no suele ser vegano. La persona no vegana no va a caer fácilmente en que la lana, la cera y el cuero no son aptos, y que no todos los champús nos valen
  • El respeto va en ambos lados. Y, aunque no se respeten todas las ideas de otra persona, a la persona sí que hay que respetarla. Al menos, si la intención es convivir en harmonía.
  • Si no puedes vivir con un carnista, no lo hagas. Para mi no es necesaria la convivencia en una pareja ni en ningún tipo de relación, especialmente si esa convivencia va a convertirse en un campo de batalla.
  • Reevaluar el «contrato» de convivencia cuando algo chirríe, y no esperar a que este esté roto.
La tortilla de patatas vegana siempre ayuda a limar diferencias.

Nota. Igual se entendería mejor el título con omnívoro, pero he decidido utilizar carnista, ya que omívoros somos todos. Este término viene de «carnism», acuñado por Melanie Joy para hablar del sistema de pensamiento que se ha creado alrededor de la idea de que explotar a los animales es un derecho y comérnoslos algo normal.

A mi me parece justo usarlo porque, de otra forma, estamos contraponiendo el veganismo a «lo normal», y lo normal también tiene un marco ideológico, aunque sea invisible. Lo opuesto a la normalidad es siempre «el otro», un otro que se visualiza de forma negativa o peyorativa. Dotando al veganismo de un antagónico, podemos ponernos en igualdad de condiciones.

1 Comment

  1. Mira justo lo del champú que mencionas me pasó hace poco, le dije a mi novio que comprara gel de baño y justo trajo uno de leche y miel porque olía bien 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ a la pròxima vez ya ha comprado uno que huele a frutas, a poco a poco va aprendiendo!


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