Ser vegano es caro, pero solo si tú quieres

Ser vegano es caro, lo escuchamos últimamente mucho. Demasiado. Parece que ser vegana sea aglo de hipsters, modernas y personas famosas montadas en el dolar. El hecho de que el veganismo haya dado el salto a los medios y de repente esté de moda hace que haya mucho información al respecto. Lo cual implica, también, información de poca calidad y medias verdades.

Para empezar, el veganismo es muy heterogéneo y el gasto que hace una persona vegana depende de sus hábitos de consumo. Exactamente igual que en el caso de una persona que lleve una dieta omnívora. Pero si vamos más allá de la cesta de la compra, como hacemos las veganas, también nos tenemos que fijar en los productos de limpieza e higiene, la ropa, el calzado… En realidad, en cualquiera de los ámbitos de nuestra vida.

Siento desilusionar a los haters, pero si bien es vedad que hay personas veganas que gastan un montón, otras hacen justo lo contrario. Y la mayoría estamos en ese lado. Quizá es que hacemos menos ruidos y molamos menos, pero ahí estamos, comiendo vegetales a tope.

En mi caso y desde mi experiencia, defiendo una visión del veganismo saludable (porque si estamos sanas tendremos más fuerza para luchar por los animales) y con una cesta de la compra asequible a todo el mundo. Ser vegana no es una opción para molar en Instagram, es un compromiso ético.

garbanzos ser vegano es barato

La cesta de la compra vegana

Seguramente ya os habéis dado cuenta, si me seguís en Instagram, que suelo utilizar productos fáciles de conseguir para lo que como en el día a día. Es cierto que invierto un poco más en ciertos productos porque me sientan mejor y también porque el rendimiento que tienen es excelente. Las recetas de mi libro “Disfuta con @midietavegana” cumplen también esta máxima.

  • Fruta. Aunque la fruta exótica es cara, la de temporada no lo es. Elegir siempre que podamos producto local y de temporada, comprada a productores locales, nos ayuda a llegar a final de mes. Y les ayuda a los productores a seguir con su actividad.
  • Verdura y hortalizas. Exactamente igual que en el punto anterior. No necesitamos comer kale cada día, ni superalimentos. El brócoli y las acelgas tiene precios ajustados y los encontramos en cualquier parte. Además, si te acercas a un mercado de productores descubrirás variedades locales que en el supermecado de esa gran cadena que está en cada esquina no existen: brotones, espigalls, apionabo, acelgas y zanahorias de colores… Todo de temporada y recién recogido.
  • Legumbres. Nuestras mejores amigas. Humildes y llenas de cualidades. Son fuente de proteína de calidad y en el caso de que no tengan el aminograma completo (las proteínas son un conjuntos de aminoácidos, no algo compacto inamovible), siempre se puede complementar con un cereal. Si te parece caro el veganismo igual es porque compras precocinados,  burguers y embutido procesado para cumplir con el aporte de proteína. Pásate a las legumbres, están deliciosas en potaje, pero también en ensalada, en paté (¿qué es sino el hummus?), en croquetas o en hamburguesas caseras. Si además las compras secas y a granel, el precio se reduce aún más.
  • Seitán. El seitán envasado salió de mi cesta de la compra hace años. Me parecía carísimo y de sabor regular. En su lugar, compro gluten de trigo y lo hago casero. Como se puede congelar, lo fileteo y así tengo para todo el mes. También lo compro a granel, por lo que ha pasado en ser sin duda el filete de proteína más barato que hay en mi casa.
  • Tofu. Lo compro en los supermercados orientales. Sin soja GMO y producido localmente, es una opción muy económica en relación a los tofus de marcas de supermercados ecológicos.
  • Harinas a granel. Sí, también compro la harina a granel. Invertí en una panificadora, así que puedo hacer un pan de calidad y con harina integral de verdad sin pagar un ojo de la cara por un pan de cereales de dudosa procedencia.
  • Frutos secos a granel. Una forma excelente de conseguirlos sin tostar ni freir ni salar y así poder hacer leches vegetales, cremas y quesitos. Además de más baratos que envasados y de mayor calidad.
  • Aceite de oliva virgen. Sí, el aceite de oliva virgen es caro, pero viviendo en España no es un lujo. Sin duda, lo que es caro es utilizar aceite de semillas de cáñamo o aceite de coco. A veces no sabemos la suerte que tenemos.
  • A veces porque algo sea barato y  habitual lo desterramos y corremos a por aquello que nos venden com mejor. El caso de moda ahora es la quinoa. Vivimos en un país donde el arroz integral está a un precio muy asequible. El arroz puede complementar muchas comidas, no nos olvidemos de él y dejemos la quinoa que no sea de comercio justo en los estantes.
  • Olvídate de las modas. Si realmente quieres comer zoodles, hazlos en casa, no los compres envasados. Exactamente lo mismo con las leches vegetales.

Como veis, la base de mi cesta de la compra es muy básica. Además, no hay casi que leer etiquetas. Se trata de hacer todo lo posible en casa, algo que he visto toda la vida en mi familia.

Merece la pena invertir en…

Un buen aceite de oliva. Desterremos lo aceites de mala calidad y usemos un dosificador en spray para las ensaladas para no malgastarlo.

Verdura y fruta fresca ecológica, de temporada y de proximidad. Buscar una cooperativa de consumo nos lo pondrá más fácil.

Alimentos que igual se van un poco de precio pero que a nivel personal nos merecen la pena. En mi caso, utilizo vinagre de umeboshi porque es el que mejor me sienta. Y soy una gran fan de las semillas de cáñamo: me sacan de mucho apuros, sobretodo fuera de casa.

Cacharros. Comprar un espiralizador de 40 euros que vamos a usar dos o tres veces por semana nos parecerá barato si lo comparamos con los zoodles (espaguetis de calabacín) envasados del supermercado. Para mi fue una gran inversión la panificadora, pero también las sartenes de titanio. Son cosas que no tienen nada que ver con ser vegana pero que a mi, que evito todo lo procesado, me facilitan la vida. No hay carracho en casa que no haya sido debidamente amortizado en muy poco tiempo.

¿Y cuándo quiero un capricho?

Un capricho puede ser caro, para eso es un capricho. Unos dátiles medjoul, cacao raw… Por supuesto, hay ocasiones en las que compro procesados: barritas energéticas, quesos, embutidos, carnes, de los vegetales.

Para mi son un capricho, no una necesidad. Por ese motivo, también intento que sean de cooperativas o de personas emprendedoras veganas, que además de tener productos aptos tienen también una ética similar a la mía. Personas que no cambiarán ni dejarán de traer y buscar productos, incluso producirlos, cuando se considere que el veganismo ya no está de moda.